El amor por los colores tuvo un justo premio

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Por Nelson Muñoz Rodríguez

“Alta la frente al cielo y con fe hacia el porvenir”. La ilusión del hincha a mí parecer es el reflejo del inicio de la letra de la canción, quizás los más mal intencionados dirán que es un copia infeliz del canto principal del infierno originado de Manchester, pero qué más da, ayer la fe estaba por el suelo nuevamente al tener que depender de un desastre en Rancagua y nuestro porvenir pareciera haber estado sepultado previo al partido una vez más.

Claro, cómo no íbamos a estar enterrados, superábamos a Colo-Colo en la tabla y ahora nos superaba “El Capo”, nuevamente aparecían los fantasmas. Para variar en la semana se perdió jugando a nada con San Luis de Quillota, quedando nuevamente condenados al estigma del segundo lugar, ya que 21 veces hemos sufrido el maldito infortunio de mirar la copa mientras otros la besan y tocan.

La verdad es que ayer no tenía esperanzas de nada, me pueden tratar de cartón, de papel, de mentira, no sé, me da igual. Incluso cuando comencé a ver el partido, Audax Italiano se adelantaba en el marcador en San Carlos, en el lugar donde años atrás fuimos “Los Colchoneros”. Ahora, para variar, Católica respondía a su fama, y para que el guión tuviera todos los condimentos de una película de Thomas Anderson, Universidad de Concepción derrotaba a O´Higgins en El Teniente, maldito momento de frustración, era nuevamente sentirse Pepe Tapia esperando en el altar.

toselli

Luego de terminar el primer tiempo y la UC mostrando el desgaste de los 3 partidos en 8 días, se pudo apreciar algo insólito en el estadio, quizás los pelotudos del CDF lo balbuceaban “el jugador número 12 se siente”. Aquí viene la primicia y magia de la estrella número 11.

El equipo plasmaría la acumulación de lágrimas de sangre de su público por la camiseta cruzada. Llanos pone un zurdazo, potente y cruzado, que nos devolvió la ilusión a todos, una vez más le regalábamos el corazón a aquella mujer que sabemos que es un cáncer, pero la amamos de todos modos. Sin embargo, esta vez ella iba a voltear para abrazarnos y besarnos, tras el certero cabezazo de José Pedro Fuenzalida a los 85´.

Más allá de la alegría de ser campeón, algo que no se experimenta todos los días por estos lugares, es ver feliz a la gente que tanto ha sufrido por amor a los colores, sé que hay personas que no les gusta el fútbol, y están en todo su derecho en pensar que soy un enfermo al regalar estas líneas a la pasión que se forja en el barrio, en el taquito, en la finta, en el compañerismo, en la humillación, en la derrota y en el triunfo, pero es algo que apareció para quedarse desde que tengo razón de ser.

Un abrazo fraterno al pueblo cruzado, y para todos quienes viven la pasión por su equipo a flor de piel.