Vida, conflictos y el legado de Eduardo Guillermo Bonvallet

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Eduardo Bonvallet fue un volante de corte, con buena técnica y de gran despliegue físico, que jugó en Universidad de Chile, San Felipe, O´Higgins y Universidad Católica en Chile, y Strikers de Estados Unidos. Bonvallet también fue seleccionado nacional, siendo subcampeón de la Copa América de 1979, y puntal del equipo que clasificó al mundial de 1982.

Eduardo Guillermo era uno de los jugadores predilectos de Luis Santibáñez, por su técnica, despliegue y sacrificio.

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Luego de su paso por EEUU, se retiró debido a problemas crónicos de lesiones, que según reveló posteriormente, se debieron a las repetidas infiltraciones que se hacía para jugar. Después de trabajar para ADIDAS durante la década de los 80, comenzó a destacar como comentarista deportivo en el programa de CHV Círculo Central, conducido por Peter Dragicevic y en Radio Portales, donde impuso un estilo crítico y ácido muy distinto al resto de los comentaristas deportivos de entonces.

Desde esa plataforma, dio un salto al ser contratado por Radio Nacional, que armó un área de deportes a su medida, en la que participaron Eugenio Cornejo, Danilo Díaz, Rodolfo Larraín, Marco Sotomayor, Rodolfo Araos, Miguel Basualdo, Hernán “Nano” Hernández, Rodrigo Norambuena, Cristián John Peñailillo y Rodrigo Sepúlveda. El programa se transformó en un fenómeno de audiencia e impactó profundamente en el hincha futbolero. Desde esa plataforma propició una guerra mediática contra Xavier Azkargorta e impuso conceptos como: “Creerse el cuento”, “Chile campeón” y “Los Patricios”, para referirse a la élite de entrenadores de la escuela de Riera (Llámese Arturo Salah o Manuel Pellegrini).

También en esa época, tuvo un programa de TV en La Red, con ocasión del mundial. Luego, permaneció en la estación por un tiempo con varios programas, en los que se incluyó la famosa entrevista al dictador Augusto Pinochet, la que le valió diversas descalificaciones.

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Su etapa en Radio Nacional terminó abruptamente cuando fue sacado del aire en medio de una transmisión en la que denunciaba los malos manejos de Jorge Vergara y Peter Dragicevic (El Hipopótamo y el Cocodrilo respectivamente, como él los bautizó y se hicieron conocidos para la gente).

Este problema, más otros choques contra Milton Millas y Jorge Santander (ex presidente del COCH), le valieron querellas que terminaron con su prisión preventiva en el anexo cárcel Capuchinos. Tras salir victorioso de esas instancias, vino su etapa en Radio Zero, donde pareció establecerse como un elemento más del panorama general de las comunicaciones. Su estilo ya no era novedoso y muchos otros comentaristas ya habían aprendido el rédito de la irreverencia. Su último programa de TV de relativo éxito, fue un programa mundialero en Canal 13 con Mario Mauriziano, donde Fernando Paulsen, en el rol de mediador, fue llamado de urgencia para evitar que el programa desviara su camino con dos personajes que no se llevaban bien.

Quizá ahí comenzó su debacle, muchos lo postularon a dirigir la selección tras las desastrosas eliminatorias de Corea-Japón, y él siempre afirmó que era quien más sabía de fútbol en Chile y que quería ser seleccionador. Tras dirigir con relativo éxito al equipo de la Universidad Gabriela Mistral, en 2007 fue contratado por Deportes Temuco, colista del campeonato de Primera B. No pudo con el desafío y terminó renunciando, en medio de denuncias de parte del plantel y en guerra con los medios locales. El equipo terminó descendiendo a Tercera División.

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Después de esta etapa, alternó trabajos en los medios, con polémicas mediáticas y su lucha contra un cáncer. Su figura se fue diluyendo y la mayoría del medio ya no lo tomaba muy en serio.

Antes de su muerte, trabajó en Radio La Clave, donde seguía en su estilo frontal y poco matizado, hablando de fútbol a diario, pero también como una terapia de vida, la cual era seguida por muchas personas que siempre lo reconocieron como un gran motivador.

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Su herencia es controvertida; no cabe duda que su primera época fue una revolución. Fue el primero que destapó secretos guardados por largo tiempo de los camarines y malas prácticas de dirigentes, directores técnicos y jugadores. Eso le valió el odio de muchos de sus colegas, querellas de dirigentes y periodistas. En lo netamente mediático, cambió el estilo condescendiente con el que los periodistas de medios tradicionales miraban el fútbol y combatió contra los poderes mediáticos de su tiempo. Fue punta de lanza en las denuncias en contra de los manejos de Sergio Santander en el COCH, que terminaron con el siniestro personaje sancionado de por vida. También tuvo una dura guerra en contra de Peter Dragicevic y Jorge Vergara, los entonces dueños de Colo Colo, quienes propiciaron su salida de Radio Nacional. Esto y sus dichos en contra del poder en los medios de Milton Millas, le valieron un sinnúmero de querellas, en las que siempre salió triunfador.

Eduardo Guillermo Bonvallet fue uno de los primeros que explicó con peras y manzanas las tácticas futbolísticas para la gran masa, y además hizo hincapié en la intensidad de juego, la disciplina personal y el autocuidado de los jugadores. También fue despiadadamente crítico contra los métodos y formas de juego de los entrenadores chilenos de la escuela tradicional, a quienes culpaba del estancamiento de nuestro fútbol, por su poca osadía y apego a formas anticuadas (El término “Ratón” se hizo popular con Bonvallet).

Tras esta época, con el mundial del 98 que tomó como un triunfo personal, quizá por la misma necesidad de alimentar su ego para palear sus problemas depresivos, aspiró a más de lo que podía. En su propio lenguaje; se creyó el cuento. Pensó que dirigir era lo mismo que comunicar, y claro, para ser un buen líder, no basta el conocimiento y la convicción, sino que también otros rasgos de los que quizá carecía. Sea como sea, el fracaso en Temuco sepultó para siempre sus aspiraciones como DT y no cabe dudo que fue un duro golpe para un hombre que necesitaba alimentar su autoestima.

Sus últimos años, le dejaron como un personaje casi pintoresco, con algunos arranques chovinistas, nacionalistas y sectarios que lo hacían motivo de burla para muchos.

Para mí, queda su herencia revolucionaría y contestaría en medio de nuestra “medida de lo posible” característica de los noventa. También su valentía para hacer frente a muchos poderosos, con altos costos personales. Claramente, no pudo sostener en el tiempo los choques de sus problemas personales con una vida pública, y es una lástima que así haya sido y que tuviera el fin del que acabamos de ser testigos.

Su papel ha sido sin duda amplificado por sus seguidores más radicales, pero si ha sido una figura relevante tanto para nuestros medios de comunicación en general, como para nuestro fútbol y así deberíamos recordarlo.