Vidal ¿Cuestión moral?

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Han pasado 24 horas desde que Arturo Vidal cometió el delito de manejo bajo la influencia del alcohol, con resultado de daños (esto, en el mejor de los casos, ya que la alcoholemia determinará si hay manejo en estado de ebriedad). Ya sabemos que el jugador no será encarcelado por esto, que Sampaoli no lo ha sancionado de manera pública, que varios de sus compañeros lo han apoyado y que sigue concentrado con la selección. Llama la atención de que ni el presidente de la ANFP ni el capitán del equipo hayan dicho nada, lo que tiene cara de que no están de acuerdo con lo determinado por Sampaoli. A todo el panorama relatado, se agregan las disculpas con llanto incluido del propio Vidal, disculpas que de poco valen, dado que el jugador ya ha repetido escenas parecidas en al menos dos episodios anteriores.

El aporte futbolístico de Vidal es hoy indesmentible, cosa que no ocurría antes cuando en la selección no rendía igual que en Alemania o Italia, al punto de que fue más suplente que titular con Bielsa y sólo se afirmó como clave en la era Sampaoli. El propio DT parece tener un compromiso especial con Vidal y claramente lo mide con un vara diferente que a otros jugadores (basta ver los casos de Fernández y Aránguiz).

Los jugadores de fútbol son personajes públicos y todo lo que hagan es objeto de escrutinio público, sus errores son amplificados y sus privilegios son siempre mayores que el resto; el precio de la fama y las ganancias de la fama. En el mejor de los mundos posibles, podríamos pedirles a los seleccionados que sean ejemplos positivos, pero no es una exigencia a la que estén obligados. Son trabajadores que dan un espectáculo caro y masivo, mayormente privado, por lo que su responsabilidad pública, en teoría, no es mayor que la que puede tener cualquier otra figura pública del espectáculo. Lo anterior, se ve claramente relativizado por el hecho de que la selección utiliza símbolos propios de la nación y no de la ANFP, no es la selección “ANFP de fútbol“, sino la “Selección Chilena de Fútbol“. Además se trata de un deporte inmensamente masivo, que tiene repercusiones sociales, políticas y económicas. Así las cosas, una petición mínima que si es posible exigir a quien utiliza símbolos del Estado, es que no cometa delitos mientras lo hace y Vidal no cumplió con ese requerimiento.

No nos equivoquemos, acá no se trata de juzgar a alguien porque se tomó un par de tragos (cuestión que podría ser disciplinariamente discutible, pero que debe ser de manejo interno), sino de que un jugador que de una u otra forma representa al país cometió un delito, tal y como él mismo lo reconoció. Nada impide que Sampaoli haga lo que estime conveniente, él ya decidió que su prioridad es el rendimiento del equipo por sobre consideraciones de cualquier otro tipo. El precedente que se sienta puede ser nefasto y la autoridad del técnico se ve severamente resentida.

Hoy ante este asunto se sostiene el argumento de que: “¡Hay que ganar como sea!”, “¿Quién no lo ha hecho?” “En otros países les perdonan todo” o “No fue para tanto”. Nadie exige que sean santos, me basta con que no cometan delitos y que si lo hacen, no se les pase por alto por quienes son. Entre lo que hizo Sampaoli y las razones de estado que tanto se ha criticado en otros ámbitos, la verdad, no veo gran diferencia.