Everton 1950, el día que Santiago dejó de ser Chile

"Ser provinciano es un honor; ser campeón es un privilegio de pocos. Ser el primero es una leyenda inmortal"

Everton, uno de los clubes de fútbol más longevos de nuestro medio, es también uno de los selectos que puede decir con propiedad que ha vivido de todo. Querido por muchos, odiado por otros varios; este club de raíces inglesas fundado en 1909 tiene una serie de singularidades que lo hacen destacar. Sin ser el más ganador, el más popular o el más antiguo, se ha dado el lujo de romper algunos paradigmas futbolísticos y alcanzar ciertos hitos que le han brindado una tradición adquirida en buena lid.

Ninguna novedad podría pensarse; sin embargo, el hecho de que un club provinciano posea registros de éxito bajo el alero, idiosincrasia y distribución del poder característicos de un país como este – centralista hasta los límites más grotescos – es digno de rememorar. Transcurridas más de seis décadas, el recuerdo del primer campeón de provincias mantiene su vigencia en el seno de Viña del Mar.

PROFESIONALES
1943-1947

El Fútbol Chileno hasta la década del 40, no era más que un mero torneo metropolitano. Los clubes fundadores definían al campeón nacional excluyendo a las regiones, principalmente por un tema de logística, de presupuesto y por una previsible resistencia a morir por parte del amateurismo. El fútbol rentado, solo con tener esa condición podía saciar su sed de responsabilidad por un breve lapso, aún cuando era evidente que el trabajo no estaba completo. La situación no podría sostenerse así por mucho tiempo, y el emergente interés de los clubes regionales más emblemáticos tarde o temprano alzaría su voz.

No era un tema sencillo, puesto que los clubes que quisieran ser parte del profesionalismo debían cumplir exigencias severas para el bolsillo de sus sostenedores. Demostrar que eran institucionalmente solventes era un trabajo de años. A Everton este proceso le tomó casi ocho años antes de coronarse por primera vez campeón, cuando en 1943, la Asociación Central de Fútbol (ACF) decide aceptar condicionalmente a ‘caturros’ y evertonianos.

Si bien el exigente calendario desarrollado durante 1943 había dado resultados positivos en lo deportivo y económico, lo más importante era que el club había logrado demostrar solidez institucional. Había revivido institucionalmente y con una nueva identidad lograda en su asentamiento en Viña del Mar.

Febrero fue el mes clave de la dirigencia evertoniana. Una vez decidido el traslado y su aceptación por parte de las autoridades de la ACF, el club se abocó a prepararse para la exigente temporada que se avecinaba, reiniciando su trabajo en marzo de 1944, con los mismos jugadores que habían terminado el año pasado. Posteriormente sería contratado el delantero Guillermo Clavero, llamado a ser uno de los referentes del conjunto en esos años.

El día 22 de mayo se realiza un consejo de delegados de la ACF, en el que se sortea (!) la primera fecha del torneo. En esta reunión se declara que Everton y Wanderers son aceptados condicionalmente en la competencia oficial de Primera División. El debut en el campeonato, enfrentando a Audax Italiano en El Tranque, fue el 4 de junio de 1944, a las 15:45 horas, bajo la dirección del árbitro Higinio Madrid. El equipo formado con Soudy, Ceballos, Astorga, Reyes, Parattore, Corrales, Valdivia, Mocciola, Salinas, Flores y Belmonte, pierde por 1-2.

El campeonato de 1944 fue además el escenario del primer clásico oficial ante los de Valparaíso. El 9 de Julio, ante unas 10 mil personas en el Estadio Valparaíso, Everton derrotó por 2-0 al decano. Sin embargo, este triunfo fue solo un dulce dentro de un año totalmente amargo en el que los ‘oro y cielo’ terminaron pagando su inexperiencia, quedando últimos en la tabla de posiciones (12° lugar, con 13 puntos). Ese año Colo-Colo fue el campeón, y no fue hasta 1945 que tanto Everton como Wanderers son aceptados como miembros íntegros de la ACF.

José Vilariño asume de forma interina en la banca del primer equipo en Marzo de 1945. Los dirigentes de la época buscaban un técnico foráneo, considerando que los torneos duraban poco tiempo. En Abril se anuncia la contratación del argentino José Della Torre y recién en Mayo se inició el periodo futbolístico para los viñamarinos, ya que no participaron del Campeonato de Apertura (torneo que abría la temporada futbolera durante esos años) hasta 1947.

Everton vuelve a las canchas el martes 1 de mayo de 1945 (Nota: Se pasaron por el borde (?) el día del trabajador) y en un amistoso ante un gran público en el Estadio El Tranque, derrota 1-0 a Colo Colo. La prensa de la época destaca ‘el entusiasmo de un team joven y promisorio’.

El debut oficial en el campeonato fue el domingo 20 de mayo contra Santiago Wanderers. En el Estadio Valparaíso y ante más de ocho mil personas, lo derrotó por 4 goles a uno. Con una temporada regular, cierran su participación goleando a Santiago Morning por 7 a 3, para terminar en el noveno puesto con 20 puntos y superando a Santiago National, Colo Colo y Badminton. El campeón fue Green Cross.

Tras la obtención del primer y único título del Green Cross, club representativo de la aristocracia capitalina de la época; comenzó un paulatino protagonismo de los clubes regionales, al menos en el tema de los fichajes. En Febrero de 1946, los ruleteros incorporan a Elías Cid, Martín García, Daniel Torres y Pedro Vigorito, quienes terminarían la temporada como puntales del equipo. En ese mismo mes, fallece Bloise Ives Beke, presidente honorario del club, dejando un vacío que debía cubrirse a la brevedad.

La temporada fue un asco, y Everton nuevamente terminó en la “liguilla de relegación”, que era una forma sutil de denominar al lote de los muertos que no peleaban por nada (ya que aún no existía el descenso). Los ‘oro y cielo’ terminan en la novena posición, y como recuerdo solo les queda la notable boleta por 7-0 al Badminton, que hasta el día de hoy es record en cifras de Primera División.

EVERTON DE SELECCIÓN
1947-1949

Parados de izquierda a derecha: Jorge Barraza, Juan Garcia, Augusto Arenas, Hugo Núñez, Rodolfo Bettega, Daniel Torres y Carlos Espinoza. Abajo en el mismo orden: Enrique Ponce, Germán Baez, José Maria Lourido, René Meléndez y Fernando Hurtado.

A fines de enero de 1947 asume la presidencia del club el Dr. Oscar Marín, dejando en claro que los doctores se tomaron el fútbol desde tiempos ancestrales (?). El galeno, socio del club de toda la vida, tenía la dificil misión de hallar el rumbo perdido en lo deportivo, el cual no concordaba con el gran momento institucional. Era una instancia clave, y las decisiones que se tomaran, podrían ser el inicio de algo grande, o en su defecto, el inicio de una dolorosa caída.

El campeonato comenzó bien para Everton, ya que en la primera fecha del campeonato derrota por un espectacular 6-5 a Santiago National en el extinto Estadio Independencia. Sin embargo, tras ser accedidos por la Universidad Católica por 8-0, el técnico Panay Pérez es destituido. En su reemplazo llega el italo-argentino Raimundo Orsi, campeón del impresentable Mundial de 1934 jugando por Italia, que terminó su carrera en Santiago National (luego de jugar en tremendos equipos como Flamengo, Boca, Independiente, Juventus y Peñarol; la verdad nadie entiende como cresta llegó a Chile). El “mumo” tras una demostración de sapiencia impecable en dirección técnica, deja a Everton colista del torneo de 1947. Los objetivos de la dirigencia se estaban cumpliendo a cabalidad (?).

- Si Romario fuese argentino (?) -

El 19 de diciembre de ese mismo año se anuncia que Martín García será el nuevo entrenador de los viñamarinos, aunque seguiría jugando hasta septiembre, decisión que determina el futuro del equipo.

Además se traen nuevos jugadores, como Gustavo Barrera, Víctor Orellana, Luís Olivares, Hermes Araya y Benito Bernal, de Quilpué; Luís Ponce, Fernando Hurtado y Sergio Córdova, de Los Andes; y un joven centrodelantero de la Asociación Antofagasta, que jugaba por la Oficina Pedro de Valdivia, llamado René Orlando Meléndez Brito.

Como era de esperarse, al “mumo” lo echaron cagando finiquitaron de inmediato, y en su reemplazo llegó Martín García, que fue uno de los pioneros en este “arte” de ser DT-Jugador. El bueno de Martín también fue un pionero en esto de ser pesetero (?), ya que pese a no tener experiencia como entrenador, si lo tuvo como jugador en Argentina y en Chile, país al que arribó en 1940, para defender la casaca de Santiago Wanderers. Seis años después se impregnaría de la mística evertoniana (?), en ese nefasto campeonato de 1946.

El Dr. Marín y Martín García compartían su visión del fútbol. Los jugadores debían ser tratados con respeto y el deber de los dirigentes era darles una estadía afectuosa mientras formaran parte de la institución. Todo a partir de la premisa que el fútbol era solo un juego, un deporte que solamente había cambiado su estatus (ser rentado). Idénticos a los mercaderes de la actualidad, sin dudas (?).

A pocos días de iniciarse el torneo de 1948, se concreta el fichaje de Salvador Biondi, un espigado mediocampista proveniente de Boca Juniors, que tuvo que debutar casi sin pretemporada ante la U en el Estadio Independencia. La dupla de Biondi con René Meléndez comienza a mostrar sus frutos, y se transforman rápidamente en pilares de un nuevo Everton; un equipo joven que terminó cuarto en el campeonato nacional con 27 puntos, compartiendo este sitial con Santiago Morning e Iberia (Nota de CT: Para los incrédulos, en algún recóndito punto de la historia, Iberia fue un club digno).

El buen juego de los viñamarinos no dejó indiferente a nadie, ni a los hinchas, ni a los rivales. Fue tal la fama de este plantel, que la Federación les solicitó jugar un encuentro contra la Selección Chilena, la que se estaba preparando con todo para el Torneo Sudamericano de 1949 (la versión pre-histórica de la Copa América), y por supuesto, la cita mundialista de 1950 en tierras brasileñas.

El partido se jugó en el Estadio El Tranque, un 12 de diciembre. Everton humilló al seleccionado, pisoteándolo por un expresivo 6-1. Fue la carta de presentación perfecta para un equipo cada vez más respetado en el medio.

Las citas internacionales de la Selección, dieron paso a un comienzo tardío del torneo de 1949, que termina alzando por primera vez a la Universidad Católica como el campeón. El torneo comenzó el 28 de Mayo (!), enfrentando a los ruleteros con la Universidad de Chile. Ambos equipos terminarían el año en la quinta ubicación, junto a la Unión Española. El título cruzado tuvo a los viñamarinos como espectadores privilegeados de la vuelta olímpica, ya que la obtención del mismo fue en El Tranque faltando aún tres fechas. Everton perdió 0-2 dicho partido.

RENÉ MELÉNDEZ
1950

Transcurrían días mundialistas. René Meléndez fue excluído de la nómina final en el último momento por el entrenador nacional Alberto Buccicardi, esfumando de golpe el sueño de todo futbolísta. Con resignación, el mundo de la figura evertoniana pasó a ser su club, con el cual aún tenía una deuda.

De esta manera, mientras la Selección daba lástima en Brasil, Everton anhelaba obtener un campeonato antes del cincuentenario, enfocando todos sus esfuerzos en romper de una buena vez la hegemonía capitalina. La tarea no era sencilla, implicaba una hazaña, algo inédito; lograr de alguna manera que el trofeo escapara de Santiago por primera vez en 17 años.

HIJOS
Parecía ser un año auspicioso para Everton, ya que en la última edición del Campeonato de Apertura – llamada oficialmente Copa Carlos Varela – vence en la fase de grupos a Colo-Colo (5-0) y a Wanderers (17-0), cayendo en el desempate ante Audax Italiano. El torneo lo ganaría finalmente Santiago Morning, sin embargo la histórica violación goleada a su clásico rival fue un bálsamo perfecto de cara al torneo oficial.

Para no perder el ritmo en el último mes sin competencia, Everton participa en un cuadrangular amistoso llamado Copa Torino, junto a los accedidos Santiago Wanderers y Colo-Colo, más Unión Española. En el día de su aniversario N°41, los viñamarinos se adjudican este certamen tras ganarle 3-1 a los porteños. En Valparaíso ya no querían saber nada más de fútbol, y eso que el torneo aún no empezaba.

EL TÍTULO
El torneo de 1950 comenzó el 16 de Julio para Everton. Ciertamente fue un torneo enfermizo, que empezó recién a mediados de año y que para colmo de males tenía como favorito a Santiago Morning. Los dirigidos por García (así como el resto de la Primera División menos Iberia (?)) tenían una doble responsabilidad, y era que los bohemios no ganaran su segundo título. El fútbol chileno imploraba que alguien hiciera algo.

En 23 partidos, el equipo ruletero perdió solo 4 cotejos. Sumado a este impresionante registro, se encuentran las históricas goleadas a Iberia (7-0), al campeón vigente Universidad Católica (5-0) y a la Universidad de Chile en Santiago (2-5). Sin embargo, pese a estos notables números, Everton se topó con un molesto rival, que en silencio se hizo tan merecedor del título como ellos. Este rival era la Unión Española del mítico Atilio Cremaschi, leyenda de la institución, mundialista y campeón con los hispanos en 1943; quienes igualaron en puntaje con los evertonianos una vez consumada la última fecha. Una remontada notable de los viñamarinos, sumado a una ayuda clave de Santiago Wanderers (!), permitió el milagro.

Esta situación inédita en el profesionalismo desde que se instauró en 1933, forzó a que el campeón se definiera en un partido único en el Estadio Nacional. El partido, fijado para el 31 de enero de 1951, parecía ser una nueva lucha contra el centralismo, ya que no habría un duelo de vuelta. Everton debía viajar otra vez a la ciudad que se había llevado todos los laureles, y de alguna manera, lograr arrebatárselos a un equipo con jugadores mundialistas. Todo el trayecto vivido en esos siete años de altibajos se resumían en un partido, no podían dejar pasar una oportunidad que podría ser irrepetible.

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ALCANZANDO LAS PRIMERAS ESTRELLAS

Así lo recuerda Martín García: “Faltaban tres fechas y mi equipo llevaba 5 puntos en contra con respecto a Español que punteaba; pero un empate con Colo Colo los dejó solo a cuatro puntos. A la semana siguiente, Español vino a Playa Ancha y Wanderers los derrotó, con lo cual quedamos a dos puntos; ventaja que desapareció cuando los derrotamos en Santiago, quedando igualados en la definición”

Ese domingo, desde las 9:15 horas empezaron a salir desde las estaciones Puerto y Viña del Mar los trenes con hinchas evertonianos que se dirigían a presenciar el partido en Santiago. Muchos otros viajaban en automóviles particulares y microbuses.

Antes de comenzar el encuentro, 42551 espectadores controlados coparon las graderías del recinto ñuñoíno y, contra toda lógica, cuando los equipos ingresaron a la cancha, los que se llevaron la mayor ovación fueron los viñamarinos. No había duda, un equipo de provincia era local, por primera vez en la capital.

Bajo las órdenes del árbitro inglés (!) William Crawford, Everton formó con Espinoza; J. García, Torres, Barraza, Biondi, Arenas; Ponce, Meléndez, Lourido, Hurtado y Báez. Unión Española salió a la cancha con Hernán Fernández; Isaac Fernández, Azares, Beperet; Miranda, Ibáñez; Armingol, Cremaschi, Rojas, Lorca y Dunevicher. En los 90 minutos reglamentarios, terminaron empatados 0-0. Por esta razón, hubo que jugar dos tiempos adicionales de 15 minutos cada uno.

Fue justamente en el primero de ellos, en el minuto 13 (ó 103), que Biondi le entrega una excelente pelota a Ponce en la mitad de la cancha. Éste avanza, esquiva a un defensa y se la cruza a Lourido, que viene entrando al área grande por el lado izquierdo. Meléndez recibe un centro en el corazón del área hispana y en una lucida acción personal, se abre a la izquierda amagando al arquero e ingresando con el balón por el primer palo al arco.

El Estadio Nacional estalla en júbilo. Es el gol de René Orlando Meléndez, que significa la obtención del título del Campeonato de 1950, el primero para Everton y, quizás más importante aún, el que terminó con la hegemonía del fútbol capitalino. Además, el delantero Oro y Cielo se coronaba como el máximo artillero del torneo con 18 goles.

El equipo de Viña del Mar marcó historia en el fútbol chileno desde ese momento. Por primera vez tras 17 años de campeonatos nacionales, había un ganador que era de provincia. El mismo equipo que había renacido ocho años antes, en 1943, lograba adjudicarse el máximo honor del fútbol nacional, de la mano de un grupo de jugadores de sobresalientes condiciones, de un entrenador como Martín García y de un presidente como el doctor Oscar Marín.

Centenario Everton

La hazaña conmovió a Viña del Mar y a las ciudades aledañas (y no tanto). Los jugadores evertonianos recibieron el trofeo de campeón, con la efigie del Libertador Bernardo O’Higgins montando su corcel. El regreso fue una locura, debido a que el plantel regresó a la ciudad jardín en tren. Desde la Estación Mapocho se agolpaban hinchas eufóricos, al punto de quedar colgando de las pisaderas. El equipo iba en el primer vagón junto a la banda municipal que los acompañó hasta Santiago.

El tren tuvo que verse obligado a parar en reiteradas ocasiones. La primera parada fue en Renca, sitio en que los trabajadores (hinchas del club) de una fábrica textil viñamarina que se trasladó a dicha comuna hicieron una fogata en plena vía férrea para que el tren frenase. Al momento de detenerse se inició una fiesta pirotécnica y todas las casas de los alrededores se iluminaron y colocaron música. El paso por La Calera no fue más tranquilo, ya que el lateral derecho Jorge Barraza, oriundo de la ciudad, tuvo un recibimiento digno de héroe, con lienzos y saludos. Los vendedores tradicionales en tanto, les regalaban chirimoyas, paltas y sándwiches a todo el equipo.

La caravana tomó proporciones colosales en Villa Alemana y Quilpué, en donde la gente se agolpó sobre la línea férrea. El tren tuvo que bajar la velocidad debido a la marea humana que acompañó al equipo estación por estación hasta llegar al centro de Viña del Mar, sitio en donde los esperaba una orquesta instalada en el techo de la pérgola del Club de Viña. La fiesta continuó en ese lugar hasta la madrugada; nadie en la ciudad quedó indiferente a la hazaña de los muchachos de García.

Ese día, todos hablaron del primer campeón de las provincias, el equipo que rompió la historia. Al menos por ese día, Santiago dejó de ser Chile.

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