Guerras & Fútbol: Del Estadio a las Trincheras

Una de las clasificaciones más tristes que recuerde el fútbol, fue la de la Selección de El Salvador a México 1970

Corría la entrañable década de los 60′s, años rebosantes de paz, amor, Hendrix, gringos siendo masacrados en Vietnam, drogas, rock, Forrest Gump (?) y un largo etcétera. Si se piensa bien, fueron lindos tiempos, ciertamente. Sin embargo, fue también una década de cambios profundos en la humanidad, repleta de separatismos radicales que cortaban la columna vertebral del mundo en rojos y verdes, divididos por una muralla no física, sino que interna, mucho más difícil de derrumbar.

Fue una época convulsa en todo el orbe, jodida si se quiere, en dónde no podías ser neutral, o eras de un bando o del otro. Una pugna de la cual, por cierto, el fútbol y el deporte en general no pudieron evitar verse inmiscuidos. Un despelote total.

* * CAPÍTULO II – LA GUERRA DE LAS 100 HORAS * *

I – CHILE EN LA ÉPOCA
El reloj avanzaba por la década, cercano a 1966, año mundialista. En Chile imperaba el gobierno del “Frei bueno”, (bueh, el menos nefasto); quien por esas fechas estaba tratando de cimentar sus tres “Reformas mayores”: La Económica, tras la Chilenización del cobre, la Educativa, creando las bases de la educación pre-escolar y la obligatoriedad de los 8 años primarios, y la Social, instaurado la reforma del sistema público de salud, vivienda social y la reforma agraria. Sobre esta última vamos a hacer un toquecito (?), para contextualizar el entorno en el que se va a desarrollar esta historia.

II – INGLATERRA = COREANOS
Es 1966, año agitado por Los Beatles, George Best, el Mundial de Inglaterra, el León Willie, Don Elías casi cagándola contra los coreanos sobre el final, los mismos coreanos haciendo 11 cambios contra los italianos en el entretiempo (?), Eusebio metiéndoles hasta un cohete nuclear adentro a los coreanos iniciales (?), el gol que no fue, los alemanes que le fueron a llorar a la FIFA (pero ese día estaba cerrado), la Reina Isabel entregando la Jules Rimet, Bobby Charlton, las patadas a Pelé, las sedes que quedaban a la cresta una de otra, el verano británico y otro largo etcétera. En definitiva, un mundial de mierda, lleno de coreanos.

III – GESTANDO EL ODIO
Dijimos que en Chile se estaba viviendo aquel fenómeno llamado “Reforma agraria”, que era primo-hermano de otras reformas implementadas a través del continente desde los años 50′s, con matices inherentes a la realidad de cada país. Desde Cuba hasta Bolivia, pasando por las selvas, el altiplano, los llanos, las montañas y los lagos, en todo el continente bullían movimientos sociales de campesinos que se levantaban contra los terratenientes añosos y despreocupados, seguros en sus haciendas; sean estas de café, trigo, tapioca o bananas, el continente exigía igualdad de oportunidades al acceso a la tierra. Sean producto de gobernantes escogidos o de tiranos que marcaron con sangre su ascenso al poder, se alzaban como la respuesta a la necesidad de tierra, y en base a ella se abrían esperanzas para los campesinos.

Centroamérica no estaba exenta de esta efervescencia y se vio afectada a todo nivel. Ya en 1969, campeaban por varios años sendas dictaduras en El Salvador y Honduras, Fidel Sánchez y Oswaldo López, respectivamente. El primero había intentado mantener el stato quo socioeconómico en una nación, hasta esa fecha, eminentemente latifundista y de agricultura precaria, dictando medidas como la protección de propiedad con decretos hacia 1962 y 1965; dichas medidas provocaron el aumento de la cesantía en el mundo rural que vio como única vía de escape cruzar la frontera para subsistir. La gran pregunta caía de cajón: “¿hacia dónde?”.

Una opción era Guatemala, que por esa época estaba en la misma condición (era como salir de Egipto por ser desierto, para irse a Israel). Mirando hacia el este estaba Honduras, zona repleta de grandes territorios fronterizos abandonados, debido a que la concentración de los terratenientes estaba más próxima a la ciudad capital. Bajo este prisma, los territorios limítrofes (fiscales), poco importaban y estaban disponibles para ser explotados, como Santa Rosa de las Condes.

Fue así como durante un lapso considerable de años, comenzaron a llegar inmigrantes a explotar esos terrenos, como si estuviesen llenando la plaza de armas con centros de llamados y locales de ceviche (?). Sin embargo, todo en la vida hay que hacerlo con mesura, más si ante este tipo de oportunidades no falta el tipo que dice “si mi vecino la hizo, yo también quiero”. Finalmente fueron cerca de 300 mil los inmigrantes y como que se empezó a notar un poco (?) el efecto migratorio.

Con este polvorín sobre la mesa, cualquier político medianamente centrado, quizás un Belisario Velasco o un Enrique Correa (?), hubiese tratado de meterlo por abajo de la alfombra, bajarle el perfil y que lo arreglé el comité de la mesa de expertos (que para eso les pagan). Por desgracia, el encargado era López, a quien le pintaba un poco el aspaviento y ante el reclamo de los grandes latifundistas que vieron que los terrenos explotados crecían su productividad (y por consecuencia, les quitaban su negocio especulativo) no halló nada mejor que apagar el fuego con napalm, decretando 2 cosas:

1 – Las tierras explotadas debían volver al estado (recordemos que eran terrenos fiscales) para que la operación de ellas la efectuen hondureños.

2 – Los salvadoreños que las labraban tenían que abandonar el país a la brevedad una vez expropiadas las tierras.

Se puede apreciar que el bueno de Oswaldo era un fiel alumno de la “Escuela de las Américas”, la que formaba dictadores militares por esos años. Las enseñanzas de Bolivar, reflejadas en la frase: Las naciones americanas sean hermanas, para no ser víctimas del invasor extranjero ni del especulador de la guerra al parecer no las escuchó nunca.

Para colmo de males, quedó la soberana cagada y se pudrió todo, con millares de felices (?) salvadoreños de vuelta a casa, los cuales comenzaron a gestar un potente sentimiento anti-hondureño en la interna de su país.

“A algunos los tenían recluidos en el Estadio Nacional. Metían un tiro a una persona y decían que era salvadoreño. Y olvídate” (Miguel Ángel Matamoros, “el Shinola”. Futbolista de Honduras, con familia en ambos paises)

IV – MANCHANDO LA PELOTA
Parecía que el conflicto había pasado a segundo plano, la pelota seguía rodando y el mundial de México estaba encima. La CONCACAF decidió que dadas las condiciones geo-políticas existentes, los países se dividieran en 4 grupos grandes y que el ganador de cada grupo se enfrente a los otros en llaves de semis y final para poder obtener el único cupo disponible, ya que México tenía asegurado su cupo gracias a su calidad de país anfitrión.

Los ganadores de cada grupo fueron Haití, Estados Unidos, El Salvador y Honduras, y como estos tipos andaban ubicaditos para definir las llaves, quisieron asegurarle el chancho a los gringos tirándolos contra los seguidores del vudú. Claro, todo bien y hasta esperable en su afan de favorecer a un país grande, sin embargo, a estos genios se les pasó que haciendo eso la otra semi era El Salvador-Honduras y el horno no estaba para bollos.

* * LA GUERRA DEL FÚTBOL * *

Tras una tortuosa llave eliminatoria, El Salvador logró su paso a la Final con el agónico tanto de "Pipo" Rodríguez en el Estadio Azteca (Izquierda). La desazón hondureña fue total, y la herida se mantuvo abierta por una década (Derecha)

V – DEFINICIÓN A MUERTE, LITERALMENTE
La previa del partido de ida en Tegucigalpa (NdeCT: Por si alguno estudió con la LOCE (?), la capital de Honduras), estuvo marcada por la publicidad nacionalista de ambos lados, sobretodo del lado salvadoreño que aún la poseía en su interior (?) tenía la espina de las deportaciones forzozas clavada y veía esta llave como una revancha.

Se calentó el partido desde un par de semanas antes de ese 6 de junio de 1969. La orden era traerse un resultado por parte de los visitantes y así estaba dispuesto todo. Se sabía que con un punto bastaba para asegurarlo, y el argentino Gregorio Bundio, intentó plantar el bus ni bien cruzada la frontera, pero los hondureños tenían planeada otra cosa y las dos noches antes del partido fueron al hotel de los rivales a mostrarles que esto era en serio, bocinazos, silbatos, petardos, golpes a los ventanales y bombos fueron parte del repertorio.

En este caso, no existía Estadio S*guro y el bombo si entró al partido. El técnico Bundio intentó hacerse el sordo y le dijo a sus jugadores que si cruzaban la mitad de la cancha, habría un pelotón de fusilamiento esperándolos (?). La consigna era mantener el cero, con un planteamiento que le provocaría una petit mort al mismísimo Cossio.

Todo parecía encaminado para ese fin, sin embargo a los 90 minutos, Lenard Welch sacó un remate de otro partido que se le clavó al portero y el local se llevaba un triunfo a lo pirro, luego de haberle cascoteado el rancho a lo bruto todo el encuentro. La táctica de Carlos “el Zorro” Padilla había resultado, los rivales tuvieron una desconcentración luego de tanto desgaste y les costó el partido.

“Faltaba nada para el final y estábamos a punto de conseguir nuestro objetivo, sobre todo si tenemos en cuenta que los hinchas apenas nos dejaron dormir en el hotel. Los cohetes y petardos reventaban casi en nuestros oídos” (Mauricio “Pipo” Rodríguez)

El resultado tuvo consecuencias nefastas, una hincha salvadoreña se pega un balazo en el corazón y muere, aunque el suicidio me huele muy teatral, casi como el supuesto “suicidio” de Víctor Jara; sobretodo por lo que vino después: Funeral masivo, la plana mayor del gobierno dictatorial dando discursos y prometiendo que su muerte no será en vano para la revancha.

“Amelia Bolaños, una salvadoreña de 18 años, no soportó la humillación que su selección sufría al otro lado del televisor y, con la pistola de su padre, se pegó un tiro en el corazón. Fue la guinda que faltaba para incendiar el ambiente de cara al partido de vuelta, que se celebró una semana más tarde”

VI – LA REVANCHA
El partido de vuelta era el 15 de junio y había tiempo para los preparativos. Bundio, como buen rioplatense, no se iba a comer calladito los bocinazos en la ida, a un argentino no le van a venir con trampas, ellos las inventaron (?). Estaba decidido que iban a salir a medir quien la tenía más grande (?) ni bien entraran los hondureños al país.

“Un diario, El Mundo de El Salvador, nos tomó una foto en el aeropuerto y luego nos pusieron un huesito en la nariz, como a los caníbales” (Rigoberto Gómez)

Si en la ida habían usado bombos, acá los salvadoreños se fueron un poco al carajo, les rompieron los ventanales del hotel y por los orificios caían bolsas con orines, huevos podridos, bolsas con escorpiones (!) y ratas muertas (NdeCT: Desde acá los postulo a los salvadoreños al termo de oro, tienen mi voto).

“Llegamos un viernes, y la gente estaba tan alterada que suspendimos el entrenamiento y volvimos al hotel, el Intercontinental, de 10 pisos. Allí encontramos muchos aficionados, de colegios, con orquestas, bandas. El primer muerto, fue un chico salvadoreño que nos acompañaba, fue esa noche, a las dos, cuando salió del hotel. Lo agarraron a pedradas y vimos, a través de las puertas de cristal, cómo moría en la calle. Por la noche no quedaba un vidrio sano” (Fernando “el azulejo” Bulnes, central hondureño)

“Llegó un momento en el que de verdad temimos por nuestra vida. Una varilla de un cohete rompió el cristal de una ventana en la habitación en la que estaba con otros tres compañeros. También cayó una bomba casera, que por suerte no explotó. Nos fuimos porque la gente hablaba de tomar el hotel. Por eso nos marchamos. A mí me tocó con uno cuya mujer era salvadoreña, como los hijos. Notábamos en sus miradas, cómo explicarlo, una animadversión” (Tonín Mendoza, volante hondureño)

“Me escondí en la casa del embajador. Andábamos huyendo como si fuéramos delincuentes. Nos dimos cuenta de que el asunto era muy jodido” (Miguel Ángel Matamoros)

El día del partido, el bus que llevaba a los hondureños al estadio pasó, casualmente (?), por una de las villas miseria más complicadas de San Salvador y la recepción de los habitantes no se hizo esperar, llovían piedras y la escolta policial fue – de forma muy conveniente – lentísima para auxiliarlos. El estadio era una caldera y el ambiente parecía aclararlo si el local no ganaba, no salía nadie vivo, la quema de la bandera y ser reemplazada por un mantel (!) fue una termeada que yo me pongo de pie y la ovaciono. Y pensar que acá el ’97 alegaron por lo de los himnos contra Perú.

“Metieron los buses en los que íbamos dentro (!) del terreno de juego, donde cabían casi 40.000 personas, y nos dejaron enfrente de los vestuarios. La primera impresión es que el campo estaba lleno de soldados” (Fernando Bulnes)

Fuimos terriblemente afortunados al perder” (Mario Griffin, ex seleccionador hondureño y parte de la delegación)

“En el descanso nos lo tomamos con filosofía (?). El mismo entrenador sabía que la cosa estaba muy jodida. Lo único que teníamos que hacer era cumplir. No podíamos hacer más. ‘Hala, jugamos los 45 minutos y fuera‘, nos decíamos, porque sabíamos que habría un tercer partido. Entonces no había diferencia de goles, aunque nos metieran seis o 12 íbamos a jugar otro igual” (Miguel Ángel Matamoros)

Una numerosa hinchada hondureña asistió esperanzada y confiada en la ventaja de la ida. Tan cagados de miedo entraron a la cancha los pobres hondureños que se comieron un 3-0 impresentable. Tan enfervorizados y sedientos de sangre quedaron los locales que, a pesar de haber ganado, esperaron en los accesos de salida a los visitantes para emboscarlos en la calle, para terminar de pudrir el cotejo con incidentes, peleas y piedrazos; dejando un saldo de 2 muertos y 25 heridos. Hasta en muertos querían ganar estos tipos (?).

Cualquiera diría que con los incidentes y los muertos se iba a acabar todo, pero no, los salvadoreños andaban on faya y no se iban a detener, apenas salió del estadio el bus de los hondureños (con la delegación completa) lo salieron persiguiendo tirando bocinazos, piedras e insultos hasta que llegaron a la frontera (!), a 90 kilómetros de la capital. ¿No les dije que estos muchachos eran entrañables?.

Aquel viaje de dos horas, se transformó en un verdadero infierno para los jugadores. Es como que acá los santiaguinos salieran persiguiendo a los argentinos hasta Los Andes o a los peruanos hasta Antofagasta (?). Pero claro, no se la podían llevar pelada tampoco, apenas se supo lo del bus perseguido, los pobladores de las ciudades fronterizas salieron en una verdadera caza de brujas en contra de los salvadoreños que vivían en sus pueblos, fueron saqueados comercios y terminaron con una veintena de heridos.

VII – DESEMPATE Y CLASIFICACIÓN
Cualquier confederación seria hubiera terminado la serie ahí y darle el triunfo a El Salvador por diferencia de gol, pero no, estamos en “los locos ’60″ y se estilaba jugar partidos de desempate por esa época. Así que el Estadio Azteca fue designado como sede del partido definitorio que se jugaría el día 27 de junio.

“Hemos roto las relaciones con El Salvador. Posiblemente haya una guerra” (Armando Velásquez, coronel hondureño)

El partido del Azteca era tenso, se podía cortar el aire del ambiente con un cuchillo, de las 105.000 localidades disponibles, 50 mil eran salvadoreños, 50 mil hondureños, varios mexicanos colados y uns 5000 policias que hacían las veces de cordón de seguridad. El Zorro Padilla y Bundio no se iban a guardar nada, no era el momento tampoco.

Un encuentro que en la crónica de los protagonistas se mostró plagado de emociones, El Salvador se ponía en ventaja, pero acto seguido Rigoberto “La Shula” Gómez lo empataba de chilena, antes de irse al descanso, “La Shula” ponía la ventaja con una volea para los hondureños que lo único que querían eran ya quedarse a vivir en México hasta el mundial, pero una chambonada de los centrales permite a El Salvador empatarlo sobre el final.

Como debía haber un ganador, y la diferencia de gol se la pasaban por cierta parte (?), se decidió jugar tiempo extra. A los 11 minutos, Mauricio “Pipo” Rodríguez, con un remate bajo el cuerpo del arquero le daba el triunfo y la clasificación a los salvadoreños, que lo único que querían era que terminara el partido para salir de esa vorágine.

“La llamaron injustamente de esa forma (en referencia a la denominación que se le dio al partido definitorio, “La Guerra del Fútbol”). Fue un pretexto que nos pilló en medio. Jamás imaginé la repercusión que tendría uno de mis goles, lo que iba a desencadenar” (Mauricio Rodríguez)

“Los combates ya estaban arreglados. El fútbol no provocó esa guerra. Fue una excusa” (Rigoberto Gómez)

Nuevamente que los salvadoreños ganaran, no fue motivo para no dejar de mandar todo a la mierda, otra vez incidentes, heridos y detenidos.

Por la otra llave, Haití hacía la gracia y despachaba, no sin sudarla, a los estadounidenses, y decretaba la tremenda sorpresa en todos los rostros. O sea, es Haití, viejo, es como que te elimine en una Copa América, no sé, Venezuela…

Muchos pedían no jugar la serie y darle el cupo a El Salvador para evitar un estallido, pero la CONCACAF se puso seria y los hizo jugar. Nuevamente hubo que ir a un partido definitorio, esta vez en Jamaica, en donde El Salvador se impuso 1-0 (nuevamente “Pipo” sería el héroe) y clasificaba a un mundial que ya partía manchada con una eliminatoria bastardeada.

Amistad (?)

VIII – EL COMBATE
El dictador salvadoreño, Fidel Sánchez, dio la orden, una vez terminada la semifinal, de preparar la invasión a territorio vecino, y 2 semanas después del partido en el Azteca, el 14 de Julio, fuerzas leales al mandatario se internaban en la frontera tomando poblados como San Marcos y Ocotepeque que fueron los primeros en caer, mientras el dictador hondureño declaraba la guerra, dado el rompimiento de las relaciones con sus vecinos.

La ofensiva relámpago fue eficaz, pues sorprendió por su rapidez, aunque los hondureños estaban bien preparados, 100 horas después de declarado el conflicto, el 20 de Julio,  las fuerzas invasoras estaban en las inmediaciones de la capital Tegucigalpa, lo que obligó a la OEA a intervenir ordenando un cese el fuego preventivo, con el fin de iniciar las negociaciones. El Salvador quería como moneda de cambio lo siguiente:

1 – El compromiso de una vía de acceso al Mar Caribe, que le aseguraba una puerta de entrada a México y Estados Unidos como mercado

2 – La soberanía de algunas ciudades limítrofes.

Honduras por su parte puso como condición:

1 – La salida inmediata de todos los salvadoreños que quedaban en su territorio.

2 – El fin del Mercado Común Centroamericano (Iniciativa “de papel” creada por USA en la zona para tratar de minimizar la influencia cubana), algo así como el Mercosur pero que nunca tuvo un verdadero objetivo real.

Se aceptaron las condiciones luego de años de negociación (La paz definitiva llegaría recién en 1980, en el Tratado de Lima), lo que obligó a casi 100 mil salvadoreños a retornar deportados y hacer que el estado de alguna manera se las ingeniara para ver como lo hacía con la cesantía, consecuencias lógicas de esto fueron el desempleo, la inflación y el descontento social que terminó con la Guerra Civil de 1981-1982, pero eso es otra historia.

Al final de todo, no nos tenemos que olvidar que El Salvador llegó al mundial, no obtuvo puntos, ni goles a favor, recibió 9 en contra, despidió al entrenador 12 días antes de empezar el mundial para terminar llamando al chileno Hernán Vivanco (quien fuera ayudante de Riera en 1962) y no le pagó un peso a sus seleccionados para poder viajar.

“Trabajamos seis meses gratis porque en la Federación decían que no había plata y, aun llevándolos al Mundial, no me dieron ni un caramelo. ¡Me echaron faltando 12 días para ir a México!. Espero que no tengamos otra guerra para que vayamos al Mundial. En 1970, con Honduras, y en 1982, guerra interna” (Gregorio Bundio)

Del confllicto mucho no quedó en limpio, más allá de los 2000 muertos y 15 mil heridos en los 6 días de combate no hay más conclusiones que sacar a priori, sólo que cuando el fútbol es invadido por entes externos como la política, siempre quien termina pagando las consecuencias es el ciudadano común y corriente, como tú o como yo.

Fuentes | La Guerra del Fútbol | Canal Trans | La Fuente de todo Conocimiento | El País
Agradecimientos | Carlos Chussir Valenzuela

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