Guerras & Fútbol: Manchando la Pelota (con sangre)

Pura bondad

Que hay violencia en el fútbol parece tema conocido y todos lo asumimos como una eventualidad cierta y existente, pero a veces no es lo que ocurre dentro del rectángulo de pasto lo que violenta el juego; no es una patada o un codazo artero lo que enerva los ánimos, sino más bien las balas y los obuses que caen alrededor de los estadios, los que hieren como víctimas inocentes a los hinchas y al fútbol original, muchas veces con el beneplácito cómplice de la FIFA en su actuar.

Son las guerras, conflictos indolentes,  que al mezclarse con el deporte toman un cariz más terrible por la resilencia del mismo. Acá intentaremos recordar 4 casos, sin olvidar al resto. (Nota de CT: Los números es por orden cronológico, no es un ranking).

* * CAPÍTULO I – LOS MÁRTIRES * *

Mientras los italianos celebran vivir (?), los alemanes celebran correr con una antorcha

DE ITALIA 1934 AL FC START
El mundo venía saliendo de una depresión, no, no como esas que le dan a K*nita o Edmundo Varas cada vez que le ponen una cámara enfrente (?), esta era de verdad. Al punto, que hasta los políticos gringos tuvieron que salir a ponerse a las filas de los programas de empleos de emergencia para encontrar trabajo, para que se den cuenta del nivel de cagazo que hablamos (?).

Con un mundo quebrado, al parecer todo parecía destinado a la debacle de alguna u otra forma, la ideología capitalista parecía estar en estado terminal. Pero surgió una luz en medio de este caos económico, un tal Jules Rimet llegó con una idea descabellada a las oficinas de la FIFA: Organizar un torneo que reuniera a la mayor cantidad posible de naciones. La idea digamos mucho, no prendió al principio, sólo algunos miembros la vieron como positiva, pero el peso de la logística y los costos la hacían tambalear.

Se dió a los J.J.O.O. de Amsterdam 1928 como modelo de pruebas para medir sus resultados y ver si era factible de realizar. Rimet entregó todo y en 1930 un Estadio Centenario a reventar recibía una de las más grandes fiestas deportivas que se mantienen hasta el día de hoy.

Todo bonito, pero nadie predijo un par de detalles menores que cambiarían todo el panorama para la siguiente cita concertada para 4 años después. En 1933 un tal Adolfo se erigía como la figura principal de una nación, que veía en la revolución industrial y demográfica – propagada por un grupo político nacido a la vera de un bar de dirigentes políticos postergados y viejos soldados – más conocida como nazismo la forma de salir de la devastación, aunque, siendo sinceros, entre nos, como que se les pasó la mano un poco a los muchachos (?).

Mientras en la Vecchia Stivale, un tipo con un apodo muy simpático, Il Duce, se tomaba el poder para hacer una revolución, pero a la italiana, o sea, con mucho aspaviento y exagerando el modo. Podríamos también hablar de Franco en España, pero esto es fútbol y como que España mucho no pega (?). También está Stalin, pero no vale la pena hablar de comeguaguas (?).

PIEDAD CHECA
Dijimos que el Mundial de 1930 fue limpio y una oda al deportivismo, bien, borra en este instante esa imagen de tu cabeza amable lector, porque vamos a comenzar a hablar de los eventos deportivos pre-guerra. Como a Rimet se le ocurrió organizar un mundial en América, los europeos alegaron y pidieron que el siguiente fuera en su tierra, Italia movió cielo, mar y tierra para conseguirlo. Seguramente el loco Benni Mussolini (?) debe haber pensado: “Mah, seh, si estos indios cubiertos con taparrabos y lanzas (?) armaron un mundial yo también puedo”.

Alemania peleaba además, junto a Suecia palmo a palmo hacerse de la cita, pero los italianos, sacaron a relucir algunas “oferta que no se podían rechazar” y se lo adjudicaron. Se habló de cabezas de caballo en la cama de Jules Rimet, pero no nos consta, o al menos Guarello no tiene antecedentes de ello (?). Para no extenderme más allá de lo necesario en cuanto al mundial y a la forma en que la Azurra se hizo de ella me voy a valer de nuestros archivos, sólo citando algunos detalles que considero prudentes notar:

- Italia comenzó con las cosas truchas ni bien empezadas las eliminatorias, inscribiendo 5 “refuerzos” antireglamentarios.

- El partido (s) donde eliminó a España con un gol convertido sujetando al arquero para que no pudiera moverse, emociona a cualquiera (?).

- El LTA que se llevaron argentinos y brasileños por llevar amateurs.

- La “motivadora” frase entregada al DT Pozzo, antes de la gran final: “Il Duce espera la victoría y sólo ella, usted es el responsable del éxito o el fracaso de este equipo”

- Los italianos salvaron su cabeza, tras ponerle la cara del Gato de Shrek a los checos.

Italia se calzaba la corona, Alemania se quedaba en el camino derrotado por Checoeslovaquia, y Hitler veía como su compadre Benito se lo primereaba, pero Adolf tenía un plan más grande entre manos.

ADOLFO, FANÁTICO DEL MONOPOLY (?)
El alemán fue derrotado en su afán de conseguir ser anfitrión del mundial, pero se haría con la sede de los J.J.O.O. en Berlín para 1936 y ocuparía su empeño en demostrar la superioridad de la raza aria por sobre el resto. Y para ello necesitaba competir contra todos, sobretodo con los deportistas de origen afroamericano. Para ello estaba Jesse Owens… y bueno, también estaba la Selección de Perú, pero no tenía tanto marketing.

Long history short, Owens le dejó Auschwitz completo a Hitler en su interior (?) luego de ganar 4 medallas. Los peruanos tuvieron menos suerte y fueron saqueados de manera asquerosa ante Austria que terminaría perdiendo en la final, otra vez ante los tanos que a estas alturas ya eran los padres de todo el resto.

Hitler preparaba su venganza con todo, se dio cuenta que con los muertos que tenía en su selección no iba a llegar a ningun lado y decidió reforzar el plantel, y salió al mercado a “comprar jugadores”, algo parecido a otro equipo que juega de blanco y negro (?), clá, pasa que el Bigote sin glamour no adquirió los pases mediante la billetera sino que el precio acá fue un “poquito” más caro.

Mediante la llamada “Operación Anschluss” anexó a Austria (su selección fue literalmente desmembrada separando al plantel entre Suiza y Alemania) y a Checoeslovaquia, parecido a cuando acá sale el equipo antes citado a desmantelar a Audax y Wanderers. Se armaba entonces la fiesta, esta vez manchada desde el principio, comenzando por la designación de la sede.

Rimet sabía que estaba en las últimas y decidió darse un gustito, ver un mundial en su país, todo indicaba que Argentina debía ser el elegido, pero Rimet se los pasó por buena y como en esa época Grondona aun no estaba en la FIFA (?), no tuvo con que oponerse.

Llegaban como grandes favoritos: Los brasileños, con el “Diamante negro” Leonidas, los suizos que habían visto mejoradas sus expectativas con las incorporaciones austríacas, los alemanes que ahora si tenían un equipo que parecía un Ford B (?),  los italianos, campeones vigentes y, por supuestos los locales. La gran revelación fueron los Magyares Mágicos de Hungría que no figuraban en las libretas de muchos al llegar a suelo franco y terminaron jugando la final.

Como verán en la crónica, este mundial tuvo de todo: Historias de cabaret, mufas, bocanadas de humo, patadas alevosas y árbitros ciegos, en resumen, el fútbol que le gusta a la gente. ¿Los alemanes?, afuera en primera ronda a pesar de todas su “contrataciones” parece que #todocalza (?).

Una vez más los tanos se llevaban un torneo que terminaría manchado por los malos cobros, intervencionismo gubernamental y partidos, por decirlo suave, sospechosos, pero que daría pie para la gran historia que encierra este post.

Claramente son los de la película, ya que hay un negro (?)

LOS PANADEROS DEL FÚTBOL
Primero un poco de historia, sacada nuevamente de nuestros archivos. De 1939 a 1940, la “Guerra Relámpago” que propuso como estrategia Hitler se iba cumpliendo según lo planificado, tomando las posiciones diseñadas sin retraso y uno a a uno iban cayendo las piezas del tablero cual si fueran parte de una Carta Gantt finamente orquestada, Polonia, Francia, Los Países Bajos, los Balcanes, todo parecía apuntar a un Londres duramente castigado en la previa por bombardeos.

Sin embargo, hacia fines del ’40 y dando un giro contra toda lógica, se decida trasladar el teatro de las acciones hacia Ucrania, Africa y el frío territorio del oso siberiano, desconociendo aquel “pacto de caballeros” firmado años antes con Stalin de no agresión mutua.

Comenzaría entonces una sanguinaria guerra de desgaste, tanto en tierra como en el mar. Errores claves se cometerían en esta campaña: La mala planificación climática, el no sopesar que dividir las fuerzas en 3 frentes contra un oponente que llevaba la ventaja de competir por masa y equipos mejor adaptados al escenario del combate y finalmente la nula reserva para intentar un ataque de desgaste le terminaron costando la victoria en este conflicto. Pero vamos a la pelotita, que es lo que nos interesa.

Corría 1941, Ucrania no era más que cenizas y su capital, Kiev, a duras penas se mantenía en pie. En este dantesco ambiente, un hombre recorría las ruinas cumpliendo con su día rutinario como doble agente, además de panadero, cuando, entre un montón de escombros y cuerpos sin alma reconoce una figura que le parece familiar. Quizás para algún observador descuidado, aquella espigada silueta no le significaría nada, pero no a este fanático del Dínamo. El podía distinguir de entre la masa de mendigos a quien fuera hasta hace no mucho tiempo su ídolo, el portero Trusevych.

Este hombre, de apellido Kordik, lo lleva a su local con una sola condición: Podría comer y recomponer fuerzas, pero a cambio tenía que encontrar a todos sus ex-compañeros del Dínamo que estuviesen aun vivos. Fue así como el disminuido Trusevych durante el día las oficiaba de barrendero para, durante las noche, salir a buscar entre los escombros de construcciones y humanos a los que habían sido sus adalides en tantas batallas dentro de la cancha. Inclusive, encontró también a 2 ex- rivales del Lokomotiv que también se sumaron al grupo de rescatados.

Ya que estaban en eso y vieron que eran doce, a Kordik no se le ocurrió nada mejor que ir donde el capitán a cargo de la guarnición y picanearle que por qué no organizaban una liga local, para entretener a los habitantes, algo así como un “inter-empresa” de los ahora, pero con más onda y sin premios en freepass (?). Obviamente no podían llamarse Dínamo, por dos sencillas razones: Los nombres en soviético estaban prohibidos y tanto el Dínamo como el Lokomotiv habían sido clausurados. Fue así como idearon un nombre que los identificara y que los hiciera únicos: el FC Start.

Comenzaba la liga y el Start comenzaba a desflorar a los rivales en fila, panaderos, militares, aviadores, ferroviarios, colaboracionistas, húngaros, rumanos, alemanes, todos caían bajo la aplastante superioridad técnica de un club que comenzaba a transformarse en una leyenda para los habitantes de Kiev y en una molestia para los militares que gobernaban la ciudad.

Mientras tanto, la ofensiva relámpago de los nazis, se topaba con los duros focos de resitencia en Sevastopol y Kursk; en Kiev, un puñado de jugadores famélicos minaban la moral alemana más que una división de T-34. No tenían cañones de 70 mm, pero sí un talento innato con el balón. Las palabras del líder Trusevych resonaban dentro del plantel como un código de honor que debían cumplir:

“No tenemos armas, pero venceremos en la cancha a los fascistas bajo los colores de nuestra bandera”

FITZCULTHURA!
Descubierto el secreto del equipo del panadero Kordik, no cabía más que, de alguna manera derrotar a estos futbolistas que ya cabían dentro del corazón de cada habitante de Kiev como su única luz real de esperanza. Quizás como ordenado por la misma testera del Reich, la consigna era bajarlos y humillarlos a estos insolentes ucranianos que sólo meses antes corrían riesgo de muerte por inanición. La treta era perfecta, enfrentarlos al orgullo alemán, el equipo principal de la Fuerza Aérea, el Flakelf.

Para darle la máxima teatralidad posible al escenario, el partido se jugaría en el estadio Zenit, a reventar, con los habitantes de la ciudad de un lado y los ocupantes del otro. Todo parecía perfecto, para asegurarse el árbitro era un viejo capitán de ejército. Parecía todo acordado para la victoria que tanto necesitaban los invasores, pero no contaban con aquella desesperada resistencia del hombre que ya no tiene nada que perder que imperaba en los rojos. Una onerosa victoria por 5-1 para el Start no hacía sino elevarlos a la escala del mito.

La furia nazi ya hacía sospechar que hasta el mismo Hitler se había enterado de este equipo invencible y Adolf, que a estas alturas tenía 2 divisiones panzer, las SS, Menguele y hasta un Zepellin metido adentro (?), no cejó en su interés por el Start que ya casi se había convertido en un asunto de estado. Derrotar a Trusevych y sus muchachos les estaba costando más bajas que el sitio de Stalingrado y no cabía darse por derrotado ante un puñado de hombres que sin disparar una sola bala les provocaba una herida profunda.

Se reforzó entonces al Flakelf con algunos jugadores del Ejército, y se decidió dar un último golpe, en lo que sería la revancha definitiva. Otra vez un Zenit a reventar recibía a los gladiadores de este desigual combate. El árbitro esta vez era de las SS e hizo notar incluso antes del partido su parcialidad obligando a saludar con el “Heil” a ambos equipos, el indomable espíritu de los soviéticos en las graderías explotó al escuchar el “Fitzculthura” al entrar al campo de juego por parte del Start.

El Flakelf tomó la ventaja y parecía todo cocinado, pero rápidamente, y a pesar del nefasto arbitraje, el equipo de los “panaderos” (que a estas alturas ya no eran tales) logró imponerse y llevarlo a un 5-3. Se ha hablado mucho de lo de Klimenko y el gol que decidió no convertir sino que, con unos huevos enormes, rehusar convertirlo y patear entonces el balón hacia el centro del campo una vez parado en la línea del arco teutón.

Del partido, sólo quedó en limpio que esa victoria significó su sentencia de muerte para los ucranianos, que fueron exterminados de la más diversas y dolorosas formas. Trusevych murió con la camiseta roja puesta, como última muestra de desdén hacia el opresor.

Mientras tanto, Stalingrado y Kursk se iba convirtiendo en el cementerio de muchos nazis que caían víctimas del frío, el hambre, los francotiradores como Zaitsev y las sanguinarias táctas del Mariscal Zhukov que hacia 1942 ya era amo y señor en toda la zona del Este de Europa gracias una extraordinaria carga liderada, entre otras, por los voluntarios cosacos y partisanos que teñían de rojo los campos de batalla.

El Start, por su parte, ya había forjado su leyenda como el último bastión de la esperanza de una Kiev que tendría en este invicto equipo a sus héroes del honor y la alegría.

Siguientes entregas:
CAPÍTULO II – La Guerra del Fútbol: Honduras y El Salvador salen del estadio a las tricheras selváticas.
CAPÍTULO III – Colo Colo 1973/Chile-URSS 1973: El equipo que detuvo el golpe.
CAPÍTULO IV – Hermano contra Hermano: Yugoslavia juvenil 1987/Croacia 1998.

Fuentes | FIFA World Cup Italia 1934 | FIFA World Cup Francia 1938 | Fútbol Clásico V: FC Start

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