[Perfiles] Gustavo Canales: Pichanguero, Mercenario, Ídolo

Esta historia comienza como cualquier otra. Gustavo Javier Canales, nacido en General Roca el 30 de marzo del año 1982, siempre soñó con ser futbolista profesional. Ya de pequeño salió de su pueblo, ubicado en la provincia de Río Negro, buscando hacer realidad su anhelo. Así llegó a las inferiores del Club Gimnasia y Esgrima de La Plata, donde rápidamente sacaría a relucir sus grandes condiciones, siendo contactado por clubes grandes de Buenos Aires como Vélez Sarsfield o Boca Juniors.

Lamentablemente para Gustavo, por diversas razones esos contactos no fructificaron, desmotivando al joven de 17 años, llevándolo meses más tarde a abandonar las inferiores de Gimnasia y Esgrima de la Plata.

Canales regresó a General Roca para ser uno más en el pueblo. Compartía con sus amigos, jugaba en la calle y formó familia. Frecuentemente rechazaba propuestas para jugar en equipos de fútbol, se le notaba desmotivado por sus experiencias anteriores. A esa altura ya nadie pensaría que ese espigado hombre de 23 años podía llegar a ser futbolista profesional, y menos llegar a River Plate. El sueño estaba lejano.

Hasta que llegó un día en el que Patricia, su mujer, le habló claro. “Me abrió los ojos de que podía ser futbolista profesional”, confesaría el propio Canales.

Pocos días después llegó a su casa una nueva propuesta. Era del Club Social y Deportivo General Roca, el equipo de su ciudad. Su mujer lo convenció de aceptar, dado que la situación de ambos (tenían una hija) era muy comprometida en ese momento. Así llegó al club.

Pasaron seis meses y Canales la rompió. Simplemente no estaba para jugar en la cuarta división. Merecía más. El club Cipoletti (el mismo club del que es hincha Matías Urbano) jugaba por entonces una división más arriba que el pequeño elenco de General Roca, específicamente en el Argentino A (una especie de tercera división para equipos del interior). Le hicieron una propuesta, que Canales aceptó sin dudar.

Nuevamente la rompió y así pasó al Nacional B, la segunda división trasandina. Tenía varias propuestas, pero eligió Aldosivi. Alcanzó a estar sólo unos meses (donde anotó 20 goles) y pasó al Almirante Brown, que militaba en la misma división. Como en todos sus equipos anteriores, Canales demostró su enorme capacidad goleadora en el cuadro de Puerto Madryn.

Así llamó la atención de Deportes La Serena, que en ese momento era entrenado por Victor Hugo Castañeda. La diferencia económica no era muy grande, pero Gustavo quería jugar en primera. Tomó a su familia y cruzó la cordillera con la maleta cargada de ilusiones.

El oriundo de General Roca tuvo un Apertura 2007 muy bueno, siendo cedido a préstamo al Once Caldas colombiano.
Allí, por primera vez en su vida, no rindió como se esperaba. El propio Canales aclara la situación: “Allá me pusieron más atrás, por eso no metí tantos goles”.

Volvió a La Serena. Otros seis meses explosivos le abrieron la puerta de Unión Española. Allí tuvo la oportunidad de jugar la Copa Sudamericana, anotando importantes goles. Esos mismos goles llamaron mucho la atención en Argentina. Se hablaba de interés por ficharlo por parte de Vélez Sarsfield y Racing de Avellaneda. Gustavo se ilusionaba, pero no estaba preparado para lo que estaba por ocurrir.

Una calurosa tarde en la cuarta región sonó el teléfono en la casa de la familia Canales.
Contestó su mujer, Patricia.
“¿Quién es?” pregunta Canales. “Passarella” responde su mujer.

Apenas escuchó el apellido del entonces entrenador del Club Atlético River Plate, casi le dio un ataque. No lo podía creer.
Aceptó sin dudar la propuesta riverplatense y llamó inmediatamente a Jorge Segovia, presidente de Unión, para rogarle que lo dejara ir. El español hizo gala de su buen corazón (?) y dejó que Canales cumpliera el sueño de su vida: jugar profesionalmente en River Plate.

Lamentablemente, llegó en un mal momento (que un año después desencadenaría el descenso). La gente estaba muy enojada y Gustavo sólo pudo jugar 14 partidos, donde anotó apenas dos goles. Muy poco para un delantero de estirpe goleadora como él.

Luego de un año en la institución millonaria, Unión le hizo una propuesta para volver. Canales aceptó.

Convirtió 14 goles en 17 partidos y clasificó a la Copa Libertadores, llamando la atención de Universidad de Chile.
Los azules pagaron más de un millón de dólares por su carta y convencieron al argentino de sacrificar la Copa Libertadores y llegar al cuadro de Sampaoli. En la conferencia de prensa de su presentación, llegó otra noticia: Gustavo Canales era chileno.

Claro, su madre, su abuela y sus hijas habían nacido en territorio nacional, por lo que pudo conseguir la ciudadanía. Meses después tendría la oportunidad de debutar con la “Roja”.

Gustavo Canales debutó en el Apertura 2011. Pasó momentos complicados, pero apareció en gloria y majestad con un “triplete” en la final ante Universidad Católica, en un triunfo épico que le dio a los laicos su título nacional número 14.
A esas alturas, ya no cuestionaba su decisión de irse de Unión y resignar la Libertadores. Pero aún quedaba más.

En el segundo semestre Universidad de Chile explotó. Canales consiguió la Copa Sudamericana, luego de anotar importantes goles (el 2-1 ante Arsenal en Argentina, el 1-0 ante Vasco en Santiago) y consagrarse como uno de los más queridos por la hinchada.

Ese mismo semestre, Universidad de Chile lograría el anhelado bicampeonato, con un gol en la final del insaciable Canales. Nuevamente el roquense era protagonista en la conquista de un título. Pudo tener la copa en sus manos. Luego de terminada la ceremonia, viajó raudamente a Argentina. ¿La razón? Su pareja de varios años, Patricia, lo esperaba para casarse. Canales llegó a tiempo y consiguió su cuarta alegría del 2011. Año perfecto, cómo no.

Al volver a Chile se encontró con una propuesta de China: del Dalian Aerbin. Su esposa y sus hijas se oponían, pero era una oportunidad inigualable para asegurarse el futuro (recibiría un sueldo de 33 millones de pesos mensuales aprox.). Finalmente la propuesta no fructiferó (los chinos cambiaron el contrato) y volvió a Universidad de Chile, donde los jugadores y el cuerpo técnico lo recibieron con los brazos abiertos (y luego de una buena conversación con los dirigentes que no habían quedado muy felices con su salida).

Pero unos días más tarde esta historia daría un vuelco, una vez más, impredecible.

Segunda fecha del Apertura 2012 y la U debutaba en La Serena, Canales estaba con el plantel pero de un momento a otro, emprende viaje a Santiago. Desde China llegó una nueva oferta, que le aseguraba a Canales un sueldo estratosférico: 54 millones de pesos mensuales, unas tres veces más de lo que Universidad de Chile le podía ofrecer. No quedó otra y lo dejaron ir.

“Traidor” y “Mercenario” fueron sólo algunos de los fuertes calificativos con que la gallá (?) despidió a Canales. Él explicó que quería asegurar su futuro, lo que rigurosamente es cierto.

Es posible que su aventura en China dure un rato y Canales vuelva a Chile con una maleta llena de billetes pero casi en el anonimato futbolístico. Se pierde y se gana en un fútbol como el Chino, sólo el tiempo dirá si fue una buena decisión. Triste final (por el momento) para este joven pichanguero que saltó al estrellato, donde una opción que parecía sensata, lo dejó enemistado con los hinchas del club donde lo ganó todo.

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Crustaceok [En toma hasta que Palma represente a Magallanes en el Show de Goles(?)]

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