El fútbol se va pareciendo peligrosamente a la vida

Foto © David Alarcón / LUN

El fútbol encierra otro tipo de cosas, que si fuera un mero espectáculo no nos convocaría como lo hace. El fútbol es, que duda cabe, más que el juego mismo, cada equipo representa a cada hincha, es su historia, es quien es; por algo uno no se cambia de equipo jamás (bueno, a veces hay putazos, pero esa es otra historia) y se hace hincha por razones que rayan en el misterio.

Lo anterior hace que existan los clásicos, que los hinchas se junten, que las victorias se cuenten como épicas y que surja literatura en torno al fútbol. El fútbol es juego y es un juego hermoso, pero también es sociedad y cultura. Por eso es que nuestro deporte se cruza con la economía, con la política y con las aspiraciones de minorías y causas de toda clase.

Por todo lo anteriormente expuesto, no vale, para mí al menos, decir que el fútbol es sólo un juego: Claramente, es mucho más que eso.

Los clubes expresan un alma, aún en nuestra era en que las S.A. pretenden robarles su ser y trasformarlos en funciones asépticas como si de cine o teatro se tratara. Pero siempre la pasión le lleva un paso adelante a estas pretensiones de limpieza. Obviamente que uno ve fútbol por amor al juego, pero se ve de otra manera cuando juega tu equipo y eres tú quien, en tu imaginación y sentimiento, corre tras la pelota. Uno es el jugador, se llame Huentelaf o Ronaldo. Todos sabemos que el jugador es un empleado y que es de quien le paga, pero -y aquí cito a Igor Ochoa- uno tiene la inocencia de creer en alguna parte de su cerebro que el Pipa Estévez juega por la Unión por que quiere, por qué es del club.

Aún así, la pasión por los colores, creo que para mí, es un condimento que sazona lo realmente hermoso: el juego, la pelota siempre en el centro. La pasión del hincha y los colores no puede llevarse por delante al propio fútbol como deporte.

Ahora bien, esta pasión no tiene por qué ir a contrapelo del respeto hacía el otro, es más, la rivalidad debería llevar implícita de alguna manera el que sí yo existo es porque el otro está al frente vistiendo diferente. Pero en estos tiempos no es lo corriente pensar de esa manera. La contenida agresividad que vivimos en nuestras calles y que cae desde todos lados se refleja crudamente en el fútbol. ¿Y por qué debería ser diferente? El estadio como espacio público, no es sino una prolongación de la vida y si esta es violenta no pueden ser los recintos deportivos unos oasis de tolerancia y hermandad.

El reflejo de todos estos males fue el clásico Colo Colo vs Universidad de Chile, una oda a la violencia y a la irracionalidad. Se jugó horrible, hubo poco que aplaudir para quien ve desde fuera, corrió sangre, insultos, intolerancia, patadas y golpes de todo tipo propiciados por los propios protagonistas.

Desde fuera, el periodismo alimenta de manera irresponsable una rivalidad mal entendida, que cae sin esfuerzo en un odio irracional, del que luego se lleva las manos apuntando con el dedo a los tontitos de siempre, a los jugadores sin manejo y que caen sin pensarlo en un juego peligroso.

Los protagonistas son, en general, muchachos jóvenes, sin demasiada educación, que se ven en una posición de poder sin preparación alguna y que tienden a disparar ante cualquier estimulo. Los técnicos y dirigentes que deberían asumir el papel de guías y de contención, no hacen mayor esfuerzo por mejorar el clima de confrontación. Peor aún auspician a esas bandas organizadas llamadas barras, uno de los focos de mayor violencia en el mundo del fútbol.

Finalmente, Charla Técnica ha sido un espacio en que la mayoría que postea no cae, por regla general, ni en la violencia, ni en las provocaciones. Sin embargo, al revisar los comentarios del post del último clásico, se aprecia cierto retroceso en opiniones y termeos que a veces se pasaron de la raya. Debemos revisarnos también nosotros y tratar de no cooperar con un grano más a este mal ambiente y celebrar cada estupidez que se dice con motivo de estas auténticas guerras.

El fútbol es en buenas cuentas un refugio de la vida misma y sus males, y parafraseando, una vez más, a don Igor Ochoa, cuanto más se parece a la vida, menos atractivo me va pareciendo.

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R.Daneel

Abogado, originario de Coronel e hincha de Lota Schwager, sin doble militancia. Enemigo de las barras bravas y de los DT tipo Salah y Toro y amigo del fútbol ágil y de ataque. Equipos ideales: Ajax 1994-95, Holanda 98`, el Milan de los holandeses y la Inglaterra de Robson. Aspiro a que Lota Schwager sea el club grande del sur y poder ir a cualquier estadio sin que un flaite me amenace.

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