Manchester United y la Pastoral del Fútbol

"Seminaristas jugando al fútbol" del español Ramón Masats en 1959 en el Seminario Conciliar de Madrid

En plena y bullante temporada de fichajes en Europa, no a pocos sorprendió la noticia de que la primera estrella contratada por el Manchester United fue nada menos que el mismísimo Dios, en esta ocasión ofrecido por su representante legal británico, capellán John Boyers, quien será el encargado de recuperar a las ovejas perdidas de los diablos rojos y devolverlas al sendero de la rectitud futbolística.

Pecado a corregir: el sexo. Los múltiples affairs, escándalos extramaritales e incluso un aborto solapado de por medio, protagonizados por Ryan Giggs y Wayne Rooney, terminaron por asquear a Sir Alex Ferguson, quien decidió que sus pupilos requerían una pastoral de urgencia sobre tan delicadas materias. Curioso que el facultado para ungir las clases de ética moral corresponda a un reverendo de una institución que, hoy por hoy, atraviesa una fregada crisis en asuntos de pulcritud y ascetismo genital, que ha llevado a muchos de sus sacrosantos representativos, de variopintas congregaciones, en todas las latitudes del mundo, a merecer no sólo la tarjeta roja de la excomunión, sino que a pagar cuentas con la justicia pura y dura de nosotros los mundanos.

¿Hubiese sido acaso más apropiado importar un team de monjes budistas desde las montañas de Myanmar, para adoctrinarlos con seriedad y disciplina a desprenderse de sus impulsos animales? Mal que mal, un puñado de estudiosos españoles destacaron el vivo comportamiento zen del seleccionador Vicente del Bosque en la pasada Copa del Mundo: “el hombre no se exalta ante triunfos o derrotas, no sale de su boca una sola palabra despectiva contra el equipo adversario y sus emociones siempre están dentro del camino medio”. Y el equipo en conjunto sigue la misma senda. Está comprobado por su actitud ante árbitros injustos, entradas violentas y el juego antideportivo de los holandeses, por ejemplo.

Pero quizás no, ya sabemos que el meditabundo buda es demasiado sedentario, no ejercita debidamente su físico, reflejos y musculatura, si apenas se mueve  durante sus largos períodos de sueño lúcido. Más apropiado es un maestro yogui con su batería de cortapalos postmo: sus elongaciones bikram patentadas a 40 grados,  una serie equilibrada de power asanas, una invitación a una once-comida con Isha y su colección de obras completas de Paulo Coelho. El combo le trae paz interior, concentración a toda prueba e incluso rápida sanación de lesiones. Garantizado.

Lo cierto es que el asunto no es tan curioso como puede parecerlo. Antes del pitazo inicial en Sudáfrica 2010, el Papa Benedicto XVI hizo diversas alusiones al evento en algunas de sus homilías e incluso L’Osservatore Romano salió con una nota titulada “Cuando Ratzinger escribía sobre fútbol”. El Vaticano además se movilizó con un equipo de obispos para aprovechar de asistir y evangelizar a los partícipes del Mundial. Por su parte, la Conferencia Episcopal sudafricana sacó a relucir su campaña “Church for the Ball”, con su correspondiente bienaventurada oración.

Algo similar está aconteciendo de cara a la Eurocopa Polonia-Ucrania 2012. Los jerarcas católicos de la tierra natal de Juan Pablo II, pusieron en marcha un programa pastoral que se aplica en iglesias y escuelas para “domesticar” a la afición, que la prensa local denominó sin remilgos como “la catequesis del fútbol”. Marian Florzcyk, delegado episcopal para asuntos deportivos, pretende “mostrar el lado positivo, los valores de la honradez y respeto por el rival, para lograr que nuestros hinchas estén mejor educados”.

Chile no se queda atrás, por cierto. Nuestros prelados han intentado sus pinos para, literalmente, sacar partido del fútbol. Recién el año pasado, plena fiebre mundialera, la Conferencia Episcopal delegó al Obispo Auxiliar de Santiago, Monseñor Cristián Contreras, a llevar a cabo la campaña “Gracias por el Fútbol”. En palabras del purpurado local, “buscamos establecer un servicio de nuestras Vicarías, una pastoral del deporte, en el que grandes personas como Jaime Fillol,  don Arturo Salah  y tantos otros podrían ayudar en este sentido”.

No es curiosidad ni menos casualidad. Todas estas mociones tienen su punto de partida en 2004, cuando Juan Pablo II, a vista y paciencia de que la pelotita representaba un “sector tan neurálgico de la cultura contemporánea”, la Santa Sede determinó instituír la “Sección Iglesia y Deporte”, cuya primer mandamiento reza “La Iglesia está destinada a ser el punto de referencia para las organizaciones deportivas nacionales e internacionales”. ¿Queda claro?

En fin, ya entrado el siglo XXI, después de tanto correr la que no se mancha, no se la pueden ni orientadores, ni psicólogos, ni deportólogos, ni preparadores ni directores técnicos. El Manchester United, uno de los grandes del fútbol mundial, precisa de los sacerdotes para rehabilitar a sus jugadores. Cómo han cambiando los tiempos.

Pero ni tanto. Los curas saben de la redonda. No por nada muchos clubes en todo el mundo llevan por nombre un santo, la enésima mayoría de las veces en honor del párroco fundador. Por cierto, hace varios años ya que se viene jugando la “Copa Clericus” en Italia, que congrega a más de 16 selecciones pontificias del orbe, con sus reglas de 30 minutos por lado, la ley del “no pegarás” y la tarjeta celeste que conmina al hachero de turno a abandonar la cancha por 5 minutos.

De planteamientos tácticos, ni hablar. La tienen más clara que NBA, Ratoro, Markarian o Don Pelu, a decir de un purpurado de sotana español: “Sinceramente, no me gusta plantear las cosas como para quedar 0-0. Me parece que es mucho más atractivo salir a ganar, arriesgando un poquito a veces, porque además los católicos jugamos siempre en casa. Si lo hacemos así tenemos el árbitro a favor y, en caso de emergencia, el penalti… nos lo regala”.

Y de mufas y contramufas, que de eso también está hecho el fútbol, mejor que nadie que el carismático y ya fallecido padre Ángel Martín Sarmiento, furibundo del Real Betis, quien a menudo oficiaba profundos análisis post partido en la radio local. Al finalizar el primer tiempo en que su equipo ganaba holgadamente por un 2-0 a favor, el periodista de turno remató su comentario a vivas voces diciendo “¡esta misa ya está medio dicha!”, dejando conmocionado al cura quien le lanzó gruesos epítetos y alegando a micrófono abierto que “sepa usted señor locutor, que una misa nunca tiene medias partes y  cuando ésta se dice, queda dicha hasta el final y amén”.

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